Es por todos sabido que un superhéroe no es nadie sin un villano al que enfrentarse. Si hablamos de su identidad civil, esta también resultaría vacía si no la enriqueciera una gran multitud de secundarios que, en mayor o menor medida, contribuyen a humanizar al protagonista del cómic. En el caso de Spiderman, es evidente que el edificio del periódico Daily Bugle ha cumplido sobradamente su función en ese sentido. Allí conocimos, entre otros, al cascarrabias de J. Jonah Jameson, al amable Joe Robertson, al fumador empedernido Ben Urich, a la simpática Betty Brant y al protagonista de este artículo: Edward Leeds, más conocido como Ned Leeds.

No obstante, el reportero siempre había sido un hombre de acción que no se conformaba con un trabajo de oficina. Debido a ello, tras presenciar un enfrentamiento entre Spiderman y el Duende, en el que el trepamuros resultó vencedor, Ned decidió seguir al caído villano, al que tuvo la ocasión de ver desenmascarado. Desgraciadamente, Roderick Kingley, auténtica identidad del enemigo del lanzarredes, descubrió al intruso y lo capturó. Sin embargo, en lugar de matarlo, decidió que sería más útil lavarle el cerebro y hacerle creer a Leeds que él era el auténtico Duende. Así, Roderick equipó a su nuevo lacayo con el equipamiento y la ropas oportunas, para así enviarlo a realizar misiones triviales o demasiado peligrosas, como la de acercarse a Richard Fisk para obtener información sobre su padre, el rey del hampa conocido como Kingpin. Con el auténtico Duende manejando los hilos, Ned y el hijo de Wilson Fisk trabajaron juntos para intentar derrocar al jefe del crimen. No obstante, todo tiene un precio y el cerebro humano aguanta hasta un límite. Las continuas manipulaciones mentales que Roderick ejercía sobre Ned acabaron por desequilibrar al reportero, que se volvió agresivo e inestable, lo que hizo que Betty Brant buscara consuelo en los brazos de Flash Thompson. Sin embargo, el Duende acabó por arrepentirse de haber utilizado a Leeds, cuando su lacayo traicionó a Richard Fisk y se puso del lado de Kingpin.
Realmente molesto porque Ned se hubiese salido de su cauce, Roderick hizo correr el rumor de que el reportero era el auténtico villano, además de dar a saber que tenía pensado viajar a Berlín. Jack O’Lantern, cuya identidad civil era la del mercenario internacional Jason Macendale, que tenía sus motivos personales para odiar al Duende, contrató al Forastero y sus hombres para que lo asesinaran, lo cual le concedería la oportunidad de reemplazarlo, tarea que fue llevada a cabo con la máxima prioridad. Peter Parker encontró su cadáver en la habitación de un hotel alemán y, bajo la máscara de Spiderman, trató de localizar a los asesinos y llevarlos ante la justicia. Desgraciadamente, a pesar de la cólera que el lanzarredes sentía en su interior, jamás lo logró. No obstante, Macendale, que había vivido tantos momento buenos como malos bajo el disfraz del Duende, acabó por ser encarcelado por ordenar el asesinato de Ned. Roderick recuperó su identidad secreta y se las arregló para eliminar al impostor.
Por desgracia, durante los efectos de una invasión demoniaca, Betty Brant llegó a tener una confrontación con el fantasma de su difunto marido. No obstante, aquello sirvió para fortalecer el alma de la joven, que jugó un papel importante cuando se desenmascaró la trama existente entre el Forastero y Jason Macendale.







